¿Hace falta el gimnasio para jugar al fútbol?
No. Mucha gente juega al fútbol toda la vida sin tocar una pesa, y lo disfruta.
La pregunta de verdad es más concreta: si quieres subir de nivel, o seguir jugando dentro de diez años, ¿te basta con lo que haces en el club?
Casi nunca basta, y tu entrenador no tiene la culpa.
Para qué está pensada una sesión de equipo
Una plantilla tiene veinte jugadores con cuerpos distintos, posiciones distintas, lesiones distintas y muchísima diferencia de fútbol en las piernas. Una misma sesión tiene que servir para todos.
Así que está pensada para el jugador medio. No puede ser de otra forma. Y nadie es el jugador medio.
La sesión cubre lo que necesita el equipo: la colocación, los automatismos, la condición física y el balón. Lo que no puede cubrir es que tu pierna izquierda tenga bastante menos fuerza que la derecha, que tus isquiotibiales nunca hayan trabajado a la velocidad a la que te lleva un partido, o que tus gemelos lleven avisando desde noviembre.
Esos son problemas individuales, y una sesión para veinte no puede resolver el problema de uno.
Lo que se queda fuera
Hay tres cosas que se quedan fuera casi siempre.
La fuerza máxima. El entrenamiento de equipo casi nunca pide tanta fuerza en un solo esfuerzo como para desarrollarla. Para eso hace falta carga externa, y en el campo no la hay.
La velocidad máxima. La mayoría de los jugadores amateur nunca esprintan de verdad en los entrenamientos. Corren mucho, que es otra cosa. Un isquiotibial que no se ha acercado a su velocidad máxima desde la pretemporada se la encuentra de golpe en un partido, y ahí es donde se rompe.
Las diferencias entre lados y las lesiones de antes. Una pierna más débil, una articulación que ya se lesionó, un tendón que se queja. En una sesión de equipo nadie lo va a notar, y aunque lo notaran, la sesión no cambiaría.
En ese hueco es donde viven las lesiones. Y también es donde está casi toda la mejora que buscas.
Dos horas a la semana
Con dos sesiones cierras casi todo el hueco. Dos, bien hechas, cada semana, durante meses. Con eso basta.
Son unas dos horas en una semana en la que ya le dedicas tres o cuatro al fútbol. Y son las dos horas que deciden si estás disponible en marzo.
Cómo son esas dos horas
Cuarenta y cinco minutos por sesión: algo explosivo primero, mientras estás fresco, dos o tres ejercicios pesados, y después lo concreto que necesita tu cuerpo. Casi siempre isquiotibiales y gemelos, porque son los dos que se lesionan y los dos que nadie entrena.
Nada de cinco días a la semana, nada de entrenar hasta el fallo y nada que ver con el gimnasio que ves en Instagram.
A quién no le hace falta
Merece la pena decirlo, porque esto no vale para todo el mundo.
Si tienes menos de trece años, más o menos, el gimnasio importa mucho menos que jugar a muchos deportes distintos y aprender a moverte. Si ya entrenas cinco días a la semana con tu club, tu problema es cómo repartes la semana, y más volumen no lo arregla. Y si juegas por diversión y lo disfrutas, nada de esto es una obligación.
Para todos los demás, la respuesta honesta es esta: la sesión del club nunca se pensó para ti, y cubrir el resto cuesta dos horas a la semana.
Si has decidido que sí quieres el gimnasio, la siguiente pregunta es qué hacer en él. Eso está en entrenamiento de fuerza para futbolistas.